BENITO JUÁREZ, GIGANTE DE LA PATRIA ©MANUEL PEÑAFIEL, FOTÓGRAFO, ESCRITOR Y DOCUMENTALISTA MEXICANO.
Benito Juárez, Gigante de la Patria
©Manuel Peñafiel, fotógrafo, escritor y documentalista mexicano.
Resumir la biografía de un hombre de inmensas cualidades resulta atrevido así que de antemano advierto que estas líneas serán insuficientes para abarcar la fortaleza, inteligencia, fervor patriótico y afán progresista de Benito Juárez García, aún así compartiré esto con aquel amable lector que su tiempo me brinde. De origen indígena de la etnia Zapotécatl llegó a ser Presidente de México, sus padres Marcelino Juárez y Brígida García vivían en primitiva situación labrando la tierra en el pueblo San Pablo Guelatao del Estado de Oaxaca; Guelatao en idioma zapoteco significa “ Noche Profunda ”. Benito Pablo Juárez García nació el 21 de marzo de 1806, quedando huérfano a los tres años de edad él y sus dos hermanas María Josefa y Rosa quedaron al cuidado de sus abuelos paternos, quienes también murieron a los pocos años, sus hermanas se casaron y Benito quedó bajo la custodia de su tío Bernardino Juárez; hasta la edad de doce años trabajó como peón y pastor de ovejas, su tío le enseñó a hablar en idioma castellano; en su pueblo no existía escuela alguna; así que decidió encaminarse solo hasta la Ciudad de Oaxaca, su hermana Josefa que trabajaba como cocinera del rico comerciante Antonio Maza le dio alojamiento. En 1819, Benito Juárez se inscribió en la Escuela Real donde por ser indígena sufría la discriminación de los niños llamados " decentes "; considerando pésimo al método de enseñanza impartido en dicho plantel decidió aprender por su cuenta. Benito Juárez sentía repugnancia por los asunto clericales, sin embargo, eran los seminaristas católicos los que tenían el monopolio de obtener e impartir conocimientos, por lo que Juárez ingresó al seminario sin llegar a ordenarse como sacerdote y de ahí inició la carrera de Jurisprudencia en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca, donde obtuvo en 1834 el Primer Título de Abogado expedido por la Corte de Justicia, ejerciendo dicha profesión en defensa de las comunidades indígenas le ocasionó repudio por parte de los hacendados quienes lo encarcelaron. Más tarde, fue elegido Regidor Ministro Suplente para la Corte de Justicia y en 1833 fue nombrado diputado.
En 1847 durante la Guerra contra los Estados Unidos de América del Norte fue nombrado Gobernador Interino de Oaxaca; solía iniciar sus labores a las cinco de la mañana, salía de su despacho pasadas las diez de la noche, instaló un escritorio público para que cualquier persona que necesitara hablar con él lo pudiese hacer sin importar su condición social; durante su gestión logró el equilibrio económico, la realización de obras públicas, construyó el camino hacia la Ciudad de México, creó el Puerto de Huatulco, duplicó el número de escuelas y dejó excedentes en las reservas monetarias. Estando en dicho cargo le impidió la entrada a Oaxaca al fugitivo Antonio López de Santa Anna quien huía de la capital del país debido a la ocupación estadounidense. En 1853, Antonio López de Santa Anna se sentó por undécima vez en la silla presidencial, desde ahí, se vengó de Benito Juárez quien después de terminar su periodo como Gobernador regresó al Instituto de Ciencias y Artes a impartir clases las cuales fueron interrumpidas el día en que los soldados de Santa Anna llegaron para apresarlo; Juárez solicitó cinco minutos para concluir su cátedra, después le fue permitido acudir a su hogar para despedirse de su esposa Margarita Maza, a ella le dijo adiós pensando que lo fusilarían, sin embargo, no fue así siendo trasladado a la prisión de San Juan Ulúa en Veracruz, desde ahí lo embarcaron en un navío con bandera española rumbo al destierro en Cuba, en donde trabajó en una fábrica de cigarros puros. Tiempo después, Juárez se trasladó a Nueva Orleans, ahí conoció a Melchor Ocampo y otros exiliados liberales que habían sido perseguidos y desterrados por el Dictador Santa Anna a quien finalmente derrocaron en 1855; en ese mismo año los Conservadores que apoyaban al Vaticano apresaron a Benito Juárez ya que él como liberal pugnaba por la separación Iglesia - Estado; durante este conflicto diversos Gobernadores decidieron apoyar a Benito Juárez, quien en 1858 asumió la Presidencia de la República Mexicana. El 12 de julio de 1859 decretó la Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos redactada por el progresista Sebastián Lerdo de Tejada, leislación que le impidió tener propiedades a la Iglesia Católica, despojándola de sus privilegios impuestos por sus dogmas, la gente ya no tuvo que pagarle a los sacerdotes por permitir enterrar a sus muertos dentro de los cementerios administrados por el clero, también se instituyó el Registro Civil para contraer matrimonio sin tener necesidad de contratar monetariamente los rituales eclesiásticos. En 1861 México era incapaz de pagar sus deudas con Europa, así que el 15 de diciembre del mismo año una fuerza española de 6000 hombres invadió el Puerto de Veracruz; el 9 de enero de 1862 se les unieron 800 ingleses y 3000 franceses ya que Napoleón Tercero deseaba establecer su imperio en territorio mexicano. El Papa Pío Noveno apoyó la invasión francesa a México, la Iglesia Católica estaba furiosa por las Leyes de Reforma que la habían despojado de sus negocios y propiedades, así como de su intromisión en asuntos del gobierno. Para repeler la invasión francesa, el General Ignacio Zaragoza empleó una brillante estrategia que le concedió la victoria el 5 de mayo de 1862 en la Batalla de Puebla, sin embargo, un año después Francia envió 25000 hombres más, la profanación bélica a la Soberanía Nacional Mexicana obligó a Benito Juárez a abandonar la Ciudad de México, llevando consigo el Gobierno de la República hacia el Norte para ponerlo a salvo de los invasores, miles de mexicanos fueron a despedir a su Presidente el 31 de mayo de 1863; Juárez viajó con muchas carretas cargadas con los Archivos de la Nación permaneciendo temporalmente en distintos lugares continuó ejerciendo sus funciones; a su esposa Margarita Maza y a sus hijos los envió a Nueva York para ponerlos a salvo. Mientras tanto, los Conservadores Mexicanos aclamaron la llegada de Maximiliano de Habsburgo y de su esposa la Princesa de Bélgica Carlota, dicho austriaco le envió una carta a Benito Juárez invitándolo a participar en su Gobierno Imperial; desde la Ciudad de Monterrey el legítimo Presidente de México le contestó al intruso llamándolo despectivamente agente de Napoleón Tercero, escribiéndole: “ Es dado al hombre, señor, atacar los derechos ajenos, apoderarse de su bienes, atentar contra la vida de los que defienden su nacionalidad, hacer de sus virtudes un crimen y de los vicios una virtud; pero hay una cosa que está fuera del alcance de la perversidad, y es el fallo tremendo de la historia. Ella nos juzgará ”. Las palabras de Benito Juárez resultaron verídicas, con el tiempo él sería llamado Benemérito de la América, su efigie sería inmortalizada en monumentos dispersos internacionalmente y su nombre perduraría en provincias e instituciones culturales en Estados Unidos de Norteamérica y Latinoamérica…la palabra benemérito significa elogiable, honorable, digno de alabanza, etc. En la Ciudad de Nueva York, José uno de los hijos de Benito Juárez contrajo pulmonía a causa del intenso frío que azotaba la región, la temperatura era de 12 grados bajo cero, Margarita Maza no pudo evitar que la muerte le arrebatara a su hijito; el escritor, periodista y poeta liberal cubano Pedro Santacilia, yerno de Margarita tuvo que usar los muebles de la casa como leña para calentar la casa; esto sucedió mientras Benito Juárez gobernaba desde Chihuahua; al ser informado del infortunio cayó abatido durante una semana. En mayo de 1865 Maximiliano de Habsburgo decidió atacar Chihuahua para liquidar a Benito Juárez que se había instalado ahí para continuar su resistencia en contra del invasor junto con Melchor Ocampo En cargado de Relaciones y Guerra en su Gabinete. A Napoléon Tercero le resultaba sumamente costosa la invasión a México así que ordenó la retirada de miles de soldados, esto no impidió que Maximiliano festejara su cumpleaños pensando que el Gobierno Liberal terminaría aplastado. La Ciudad de Chihuahua fue demolida bajo los cañones franceses, sin embargo, Benito Juárez logró escapar a la serranía con su gobierno errante para asentarse por un tiempo en Villa Paso del Norte en la actualidad Ciudad Juárez. El peligro de ser abatido persistía por lo que algunos aconsejaron a Juárez internarse en los Estados Unidos de Norteamérica, pero él tomó un puño de tierra de la rivera del Río Bravo exclamando que prefería morir con la bandera mexicana en el pecho que abandonar el suelo patrio; al escuchar tal valor todos sus acompañantes decidieron respaldarlo en su lucha contra el ejército francés cómplice de Maximiliano. El 25 de marzo de 1866 las Fuerzas Republicanas al mando de Luis Terrazas Fuentes contraatacaron a los franceses y retomaron la capital de Chihuahua para continuar a Parral y Durango. Después de estas batallas, Benito Juárez condecoró a algunos militares, entre ellos un joven de 16 años rompiendo en lágrimas le dijo que durante la lucha sus cinco hermanos habían muerto; el Presidente le contestó que entendía su dolor ya que él mismo había perdido a un hijo enfermo de pulmonía, y que tanto el niño como los hermanos de aquel soldado habían muerto por el aire y la tierra de la Patria habiendo fallecido en libertad. Mientras tanto, el frustrado imperio de Maximiliano cada vez tenía más problemas, la Iglesia Católica le retiró su ayuda monetaria y Francia ya había ordenado el retiro de sus tropas. Carlota esposa de Maximiliano partió a Europa para pedirle a Napoleón Tercero que no le retirara su apoyo a Maximiliano, lo mismo le pidió al Pontífice Pío Noveno, sus súplicas resultaron estériles, la acompañaban los mexicanos retrógrados Juan Nepomuceno Almonte y Pedro Hidalgo. En Chihuahua Benito Juárez fue informado que su gobierno estaba recuperando todo el territorio nacional y el control nacional; paulatinamente el Ejército Liberal se encaminó hacia Oaxaca donde el asustado obispo pidió garantías, recibió como respuesta que se le permitiría vestir sus mejores prendas para su fusilamiento, el clérigo católico que junto con los miembros de la alta sociedad habían colaborado con Maximiliano huyeron despavoridos. En noviembre de 1866, Maximiliano abandonó sigilosamente el Castillo de Chapultepec rumbo al Puerto de Veracruz para embarcarse hacia Europa, sin embargo, el sacerdote católico Fisher organizó en Orizaba una manifestación de apoyo para impedir que huyera; el austriaco decidió quedarse para pensar qué hacer con su destino; entre tanto, recibió el apoyo de los Generales Mexicanos traidores Leonardo Márquez y Miguel Miramón con 31000 soldados, 10 cañones y 2 millones de pesos que le entregó la Iglesia Católica. Las batallas continuaron entre las tropas invasoras y el Ejército Republicano de Benito Juárez, quien aún estaba impedido de regresar a Ciudad de México, por lo que instaló su gobierno en Zacatecas. La madre de Maximiliano Sofía de Baviera le escribió una carta donde expresó: Hijo mío, no abdiques, tu posición en Europa será ridícula si lo hicieras, lo más Correcto hijo mío y lo más justo es que no regreses a Viena. Después de leer dichas líneas, Maximiliano le ordenó a Miramón que regresaran a la Ciudad de México; sin embargo, Miramón es derrotado en San Jacinto, así que a Maximiliano solo le quedó la ayuda de Leonardo Márquez y la Legión Extranjera de Francia, de esta manera con hombres mal armados salió rumbo a Querétaro, antes de esto, Leonardo Márquez masacró a los Médicos Liberales que participaban en campaña, conocidos como Los Mártires de Tacubaya. Antonio López de Santa Anna se encontraba en los Estados Unidos de Norteamérica pactando con banqueros, empresarios y con el Secretario de Estado Siward, buscando apoyo para volver a México y ocupar por duodécima vez la Presidencia, al enterarse de esto, Sebastián Lerdo de Tejada informó a Benito Juárez, quien le respondió: No se afane mucho usted, porque si Santa Anna no cuenta con apoyo de Estados Unidos no vale nada...Santa Ana ya no vale nada. El 19 de febrero de 1867 entra Maximiliano con su ejército a la Ciudad de Querétaro, los mexicanos conservadores celebran con una verbena la llegada de los Imperialistas. Mientras tanto, Benito Juárez establece su gobierno en la Ciudad de San Luis Potosí, cuyos pobladores lo aclaman gritando: Viva México, Viva la República y Viva Juárez. Los Militares Liberales impusieron un sitio a Querétaro, no podía entrar ni salir nada ni nadie; los últimos franceses que permanecían en lucha fueron totalmente derrotados, Leonardo Márquez le propone a Maximiliano partir a México por refuerzos; después de esto dicho invasor envió a un soldado de apellido Salvino para hacerse pasar por liberal y averiguar cuál había sido el destino de Márquez, al día siguiente, Salvino apareció ahorcado de un árbol con un cartel que decía: Soy el correo del Emperador y estoy muerto. Maximiliano mantenía su cuartel en el Cerro de las Campanas en la campiña del Estado de Querétaro, permaneciendo la mayor parte del tiempo en el Convento de Santa Cruz; deambulaba sucio y desaliñado padeciendo trastornos gástricos ocasionados por la tensión emocional. El General Mariano Escobedo decide entonces dar la batalla definitiva y crucial, así que el 27 de abril logra derribar un muro para introducirse en el Convento de la Cruz, donde las tropas de Maximiliano junto con él se hallaban apertrechadas. Benito Juárez tenía muchos problemas para suministrarles alimentos a sus soldados, los rancheros de Guanajuato, algunas áreas de Querétaro y el Norte de Michoacán se pusieron de acuerdo para subir los precios exageradamente, Juárez consternado expresó: No puedo creer que los hacendados de la región piensen más en su beneficio personal que en los inmensos sacrificios que la Patria hace por darles orden y paz. El egoísmo humano no tiene límites, todo esto me ha costado la vida de dos de mis hijitos Toñito y Pepito que han muerto en Nueva York además de la muerte de miles de valientes soldados mexicanos; ignoro si por ser indígena o por qué razón me niegan su apoyo los hacendados, no los entiendo a los que se quieren enriquecer de la miseria de las masas, del dolor y el sufrimiento. Las Tropas Liberales finalmente vencen a Maximiliano, quien le pide a Juárez que le permita volver a Europa con un salvoconducto respetándole la vida; el legítimo Presidente Mexicano le responde que espera su rendición incondicional. Cuando los Oficiales Liberales entran al Convento de la Cruz donde estaba Maximiliano él logra escapar hacia el Cerro de las Campanas en Querétaro, su indigna huida resultó inútil ya que a las pocas horas fue rodeado y obligado a entregar su espada, diciendo: Esta espada es del Pueblo de México. A Maximiliano de Habsburgo se le informó que jamás fue considerado Emperador de México, sino como invasor siendo Archiduque de Austria y que a partir de ese momento quedaba como prisionero de la República. En Europa hubo mucho movimiento pidiendo que los embajadores extranjeros intervinieran a favor de Maximiliano. Juárez ordena juzgar a Maximiliano y a sus dos Generales Mexicanos Miguel Miramón y Tomás Mejía; a los tres días se les condena a morir bajo un pelotón de fusilamiento por apoyar a los invasores franceses, por traición a la Patria para los mexicanos y también se le acusa de usurpación de poder. La condena se difundió ampliamente en Europa donde los periódicos decían que el indio sació su sed de sangre; algunos dibujaron a Juárez vestido de nativo indígena devorando con grandes colmillos a Maximiliano. Benito Juárez recibió gran cantidad de cartas de la nobleza europea y gobernantes de aquel continente rogando clemencia para Maximiliano; Juárez les respondió que no podía cambiar la Justicia…el antaño presuntuoso y codicioso Maximiliano Archiduque de Austria cayó abatido bajo las balas del pelotón de fusilamiento junto con los Generales Mexicanos Tomás Mejía y Miguel de Miramón el 19 de junio de 1867 en el Cerro de Las Campanas en Querétaro. La familia Juárez Maza dejó por fin la casa que habían habitado penosamente en Nueva York y Margarita la esposa de Benito Juárez con sus hijos, su yerno cubano Pedro Santacilia junto con los dos ataúdes de sus hijitos finados retornaron a México. El 15 de julio de 1867, el valeroso Benito Juárez entró a la Ciudad de México donde izó la Bandera Mexicana en la Plaza de la Constitución.
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